Bon Jovi protagonizó anoche el concierto más multitudinario del año en Barcelona antes de su cita en el estadio de Anoeta de Donostia este viernes. Sirvió, durante casi tres horas, un menú de grandes éxitos ejecutado con intensidad e implicación ante los 45.000 fans que casi llenaron el Olímpico de Barcelona.
El contenido de esta nueva etapa de la gira de Bon Jovi no depara grandes sorpresas a los fans. La banda, que no tiene ningún disco reciente por defender, ofrece estos días en el continente un recorrido por su carrera, promocionando en directo el álbum Greatest hits. The ultimate collection, publicado en noviembre pasado.
Bon Jovi apareció en el escenario con quince minutos de retraso interpretando el tema Raise your hands, con el cantante de la banda luciendo una casaca roja. La fiesta continuó con You give love a bad name, seguida de Born to be my baby. Prosiguieron otros episodios de una trayectoria musical que empezó un ya lejano año 1984 con un álbum homónimo, y que ha sobrevivido no sólo al paso del tiempo, sino a reinvenciones artísticas y problemas personales.
El concierto acumuló las canciones más enérgicas al principio, incluyendo el himno 'It's my life', dejando las baladas para la parte central, para recuperar el ritmo en la recta final.
Tras casi tres horas de concierto y 25 canciones, la banda parecía haber puesto el broche final con 'Livin on a Prayer', canción que Bon Jovi empezó a cantar 'a capella' desatando la euforia colectiva. Finalmente, y ante la insistencia del público, se despidió con una de sus baladas más emblemáticas, 'Always' y con 'I love this town'.




